Formación del Catequista

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Los Catequistas en la Historia


1.  Introducción
       1.1.  "Iglesia y ministerio son realidades que se implican necesariamente. La Iglesia que fundó el Señor es ininteligible sin el ministerio como causa y manifestación de la acción santificadora de Dios. Por otra parte, el ministerio es "la Iglesia en acción”, es la vertiente operativa por antonomasia de la Iglesia. Con razón, pues, el tema del ministerio cristiano es considerado como un capítulo de la eclesiología,[1] y las modalidades e intensidad del desarrollo de los ministerios depende, en parte, de la concepción de Iglesia vigente en los distintos momentos de la historia. 
       "El ministerio no es autónomo o independiente, sino que se entiende desde una doble referencia: es fruto e instrumento de la acción salvífica divina y se entiende referido a una tarea en bien de los demás; existe a partir de la acción del Espíritu y en favor de los demás”.[2] 
             Junto al ministerio jerárquico, han existido a lo largo de toda la historia de la Iglesia, otros ministerios ejercidos por los laicos, "nuevos hoy en apariencia, pero vinculados a experiencias vividas por la Iglesia a lo largo de su existencia”.[3] Así, en el caso concreto de América Latina, la obra de evangelización ha sido el resultado del unánime esfuerzo misionero de todo el Pueblo de Dios,[4] como Puebla nos ha señalado. "En todos los escritos sobre Historia de la Iglesia en América Latina se constata el mismo hecho: una gran participación diversificada y variada, según lugares, circunstancias y necesidades, de parte de los laicos.[5] 
             En la historia de México constatamos esta acción ministerial de los laicos, impulsada por el Espíritu Santo, en respuesta a las necesidades de la comunidad eclesial. 
1.2  Distinción entre ministerios 
       1.2.1.     Los que se suelen llamar ministerios institutos, formaban hasta hace pocos años, parte de las órdenes sagradas menores y quienes lo recibían eran clérigos, por lo que, estrictamente hablando, quedan fuera de nuestro campo de estudio, aunque no dejaremos de hacer referencia a ellos al hablar de la Iglesia misionera. 
       1.2.2.     Los llamados ministerios reconocidos han existido a lo largo de la historia de la Iglesia en México. 
       1.2.3.     Pero junto a éstos han existido otros servicios laicales, algunos ignorados por la jerarquía, otros simplemente tolerados y muchas otras veces apreciados y estimulados por ella. 
       En estos apuntes, sin pretender citar todos los que se dieron, hablaremos especialmente de los llamados ministerios reconocidos y de otros servicios laicales ejercidos en el ámbito de la evangelización. 
1.3.  Periodización de la historia de México, en relación a los ministerios laicales 
       Con palabras de San Agustín, el Concilio Vaticano II nos recuerda que la Iglesia "va peregrinando entre las persecuciones de este mundo y los consuelos de Dios”,[6] y en este peregrinar su acción salvífica se realiza inmersa en las realidades terrenas, por lo que no puede dejar de sentir los vaivenes de las sociedades en que se desarrolla. 
       Su misma acción apostólica sufre condicionamientos por razones naturales, políticas, económicas, etc., sin cesar por ello de anunciar al Señor Jesús. 
       Conscientes de esto, dividimos para nuestro estudio la historia de México en dos grandes períodos, cada uno con varias subdivisiones, a saber: 
       a)  La Iglesia novohispánica, con dos subdivisiones: la iglesia misionera y la iglesia consolidada. 
       b)  La iglesia a partir de la independencia nacional, con tres subdivisiones: hasta el triunfo liberal, bajo los gobiernos liberales y a partir de la revolución. 
2.  Los ministerios en la Iglesia novohispana 
       Los trescientos años que dura este período en el que nace y se consolida nuestra Iglesia, bajo el regio patronato, lo subdividimos en dos partes: 
2.1.  La Iglesia misionera 
       Se trata de uno período heroico, en el que los misioneros españoles enfrentaron enormes dificultades en su labor evangelizadora, lo que unido a su posición eclesiológica, hizo posible el surgimiento de un gran número de ministerios laicales ejercidos especialmente por los indios y luego también por los mestizos. 
       Desde un principio los misioneros intentaron incorporar al indígena a la acción evangelizadora y después de algunos fracasos con los adultos orientaron su trabajo a los jóvenes y niños, pues descubrieron que las religiones prehispánicas permeaban las culturas indígenas plenamente, y era muy difícil arrancar las ideas religiosas de los adultos. 
       Muchos efectos que aparecen en la vida de la Iglesia novohispana, fueron los que los frailes mismos previeron: los niños y los jóvenes, bautizados en un principio con una rudimentaria instrucción, fueron adoctrinados convenientemente a la sombra de los colegios y conventos y llegaron a ser verdaderos cristianos y catequistas misioneros.[7] 
       "Los misioneros cuidaron de preparar al indio para otros ministerios que hoy no son nada comunes, sino todo lo contrario. El indígena fue catequista, intérprete, traductor,[8] maestro en su lengua para los misioneros, fiscales mandones, alcaldes o merinos, trabajadores sociales en hospitales y con enfermos, etc., padrinos oficiales y cantores. 
       Catequistas:
       La primera catequista indígena fue Malintzin y a partir de ella los misioneros buscarán la ayuda del indígena para la catequesis,[9] cuidando prepararlos con esmero. "Toda la semana los más hábiles y alumbrados en las cosas de Dios estudiaban lo que habían de predicar y enseñar a los pueblos los domingos y fiestas de guardar, y los sábados los enviaban de dos en dos... a cada pueblo alrededor de México cinco y seis leguas, y a los de diez y de quince y de veinte algunas veces, de veinte en veinte días”,[10] escribía fray Pedro de Gante a Felipe II. 
       Estos discípulos aventajados de Fray Pedro de Gante fueron los primeros misioneros laicos de estas tierras y gracias a la visión del genial religioso, no sólo se adelantaron cuatro siglos y medio a lo ministros laicos de la Iglesia de hoy, sino que aquellos apóstoles enseñaron a sus hermanos indígenas que los cambios de la fe se apoyan en la dignidad y en la libertad de cada hombre, cuando éste es parte integrante de una sociedad, que a la luz del Evangelio, excluye bochornosas categorías y discriminaciones.[11] 
       Los misioneros completaban esta catequesis, con ayuda de los indios, con "un teatro religioso, de actos y coloquios... dando la enseñanza en el mismo divertimento”.[12] 
       Los tlacuilos, antiguos pintores de códices fueron incorporados a la acción evangelizadora, al ver que por "la doctrina por pinturas tienen los indios de aquellos pueblos más entendidas las cosas de nuestra fe católica y están más arraigados en ella”, nos dice el Códice Franciscano.[13] 
       En estos catecismos los indios utilizaban elementos de la iconografía cristiana para construir todo un sistema de expresión escrita y pintada sobre las bases de su antigua tradición.[14] Las pinturas son el texto mismo de la catequesis, no una ilustración.[15]
       Tlapixque es el que cuida de la Iglesia. Combina varias funciones, según el Códice Franciscano: 
1)    "Que escriban por su orden en diferentes partes a los niños y niñas que se baptizaron de aquel pueblo o barrio, y los que se confesaren en cada año, y los que se casasen y los que murieren”. 
2)    "Que ayuden ordinariamente en la Iglesia a todos los niños y niñas y les enseñen la doctrina cristiana hasta que la sepan... Esto es en las Iglesias que están lejos de los monasterios...” 
3)    "Que en artículo de necesidad, cuando no se puede haber la presencia del sacerdote sin probable perjuicio de la criatura, bapticen los niños enfermos; y para esto se les da la instrucción de cómo se han de haber, como se contiene en la relación de la forma que se tiene en administrarles los sacramentos...” 
4)    "Que tengan cuidado de consolar y esforzar a los enfermos en el artículo de la muerte, leyéndoles y preguntándoles por el aparejo que les dan los religiosos...” 
5)    "Que entierren a los difuntos, si aquellos lugares están lejos del monasterio. Y para esto tienen también su instrucción que les dan los Religiosos de lo que han de cantar o rezar...”[16] 
       Así, los misioneros promovieron al indígena para los ministerios, según los carismas, y según los tiempos... No está lejos pensar que así hubo una inculturación del Evangelio, no sólo transculturación. Si esto se admite, habrá que afirmar que la evangelización fue profunda. Esto fue posible porque los primeros cristianos de México vivieron en una Iglesia de comunión. Así es definida la Iglesia en todos los catecismos de entonces. Cf. Catecismo de los P.P. Dominicos (1548), bilingüe, castellano-náhuatl.[17] 
2.2.  La Iglesia consolidada 
       En este período la Iglesia consolida su estructura jerárquica, enriqueciéndose con gran número de vocaciones sacerdotales y religiosas. Se realizan el llamado IV Concilio Provincial Mexicano y Sínodos diocesanos varios.[18] Se lleva a cabo la epopeya de las misiones del norte, especialmente por Franciscanos, Jesuitas y Dominicos, con el servicio testimonial del martirio de misioneros e indígenas conversos. 
       En contrapartida los ministerios laicales disminuyen y frecuentemente pierden su status, pasando al campo de la religiosidad popular. Otros ministerios laicales se mantienen: alcaldes, merinos o fiscales, cantores, etc., especialmente en torno al culto, a través de las cofradías. Notables son las cofradías para el culto mariano, especialmente guadalupano. 
3.  Los ministerios laicales a partir de la independencia nacional 
       En este largo período que abarca desde 1821 hasta nuestros días, el país sufrió por el caudillismo, golpes de estado, revoluciones, dictaduras, monarquías efímeras, con pocos períodos de estabilidad. La política se convirtió en un campo muy atractivo, y en distintos momentos los católicos, como tales, intervinieron en ella. Durante este largo período, la Iglesia mexicana, fue hostigada y aún llegó a dar el testimonio del martirio en la persecución. 
       Este período lo subdividimos en tres partes, a la vez:
·      Hasta el triunfo liberal (1821-1867).
·      Bajo los gobiernos liberales (1867-1910).
·      A partir de la Revolución (1910-     ).
 
3.1.  Hasta el triunfo liberal (1821-1867) 
       En esta etapa de nuestra historia, la política del país acaba polarizando en torno a dos corrientes que se hacen partidos: la liberal, en la que tantos anticlericales militaron, y la conservadora, que frecuentemente enarboló la bandera de la defensa de la Iglesia. Liberales y conservadores tuvieron como uno de sus campos de choque más profundo, la posición ante la Iglesia.[19] 
       A partir de la consumación de la Independencia, el número de sacerdotes y religiosos disminuye fuertemente[20] por diversas causas. Sin embargo, esto no trae el aumento de los ministerios laicales. se conserva en general, los que ya existían en la Iglesia novohispana consolidada, sobre todo en lo referente a la acción cultual: sacristanes, acólitos, cantores, músicos, cófrades, fiscales, mayordomos, rezadores, etc. 
       Los laicos católicos, sobre todo los identificados con los conservadores, se sienten urgidos a defender su Iglesia en el campo de la política y la administración pública. 
3.2.  Bajo los gobiernos liberales (1867-1910) 
       A la caída de Maximiliano de Habsburgo, los conservadores fueron excluidos del ámbito de la política y los negocios públicos. Estos identificaban conservadurismo con catolicismo, lo que llevó a la Iglesia a sufrir la suerte de los vencidos. 
       "Los conservadores, alejados de los negocios públicos, pudieron hacer algo por el país, contribuyendo al desarrollo de la cultura. Pero ellos, además de conservadores, eran católicos, y dada la situación de la Iglesia en 1867, bien pronto sintieron el deseo de colaborar en su reconstrucción. Ya en 1868 organizaban una agrupación para el fomento de los intereses religiosos llamada la Sociedad Católica de México”.[21] 
       "En sus principios la Sociedad de la Ciudad de México organizó los trabajos a través de cuatro comisiones llamadas de doctrina, de colegios, de publicaciones, de cultos. La Comisión de Doctrina inició su trabajo en enero de 1869, impartiendo el catecismo en cuatro templos de la capital: San Sebastián, San Bernardo, Sta. Brígida y San Lorenzo. Para 1877 trabajaba en veintidós templos...”[22] 
       La Comisión de Colegios empezó impartiendo clases nocturnas de religión; hacia enero de 1870 impartía esas clases en cinco colegios. Pero entonces se cambió el programa y toda la Comisión se ocupó de fundar la Escuela Preparatoria de la Sociedad Católica, la cual competiría con la Escuela Nacional Preparatoria, cuyo programa positivista y laico preocupaba a los católicos. La preparatoria tuvo una vida azarosa; fue clausurada en 1876 y reabierta el mismo año como preparatoria gratuita destinada a las clases populares. 
       La Comisión de Publicaciones editó varias publicaciones, con el único fin de "trabajar en común por la propagación de las ideas morales y religiosas...” 
       La Comisión de Cultos se estableció hasta diciembre de 1868. Organizó la Asociación de Señores del Sagrado Corazón de Jesús, la Congregación de la Buena Muerte y los Círculos del día Feliz, destinados al culto del Sagrado Corazón.[23] 
       Conforme fue creciendo la Sociedad, sus trabajos se diversificaron y sus comisiones aumentaron. Del seno de la Comisión de Doctrina nació la Comisión de Cárceles y Hospitales, en enero de 1870. De la Comisión de Colegios salió la de Escuelas Gratuitas. Para sostener el culto a Santa María de Guadalupe organizaron la Comisión del Centavo. En 1873, fundaron la Comisión de Obreros. Fundaron, aunque de corta vida, la Comisión de Pueblos, para catequesis en los pueblos cercanos a la capital, y la Comisión de Literatura.[24] 
       La Sociedad se desarrolló en todo el país, apoyada por el clero, y para 1877 habían 30 sociedades semejantes a la de la capital[25]. En 1875 se había celebrado la Asamblea General de la Sociedad, antecedente de los Congresos Católicos celebrados en los primeros años del siglo XX. 
       Porfirio Díaz al triunfar y ocupar la presidencia buscó establecer una política de conciliación con la iglesia a nivel de relaciones personales con los Obispos mexicanos, pero sin derogar las leyes persecutorias. Quedaba claro que la tolerancia hacia la Iglesia dependía de Díaz, y la Iglesia aprovechó esta oportunidad para su acción evangelizadora y reconstructora. Pero eso lo hubo de hacer sufriendo las críticas de los liberales más exaltados. 
       En Yucatán, el Obispo Dr. Crescencio Carrillo y Ancona, en las instrucciones que daba al terminar las visitas pastorales, siempre insistía en la educación cristiana de los niños y jóvenes, procurándose el establecimiento de escuelas católicas donde fuera posible[26], y en todas partes, la escuela dominical de catecismo[27]. Además, en su Tercera Carta Pastoral, dada en 1887, insistía en este punto y mandaba que en todas las parroquias se estableciera la Cofradía de la Doctrina Cristiana[28]. En 18923, Carrillo y Ancona, apoyó decididamente la institución de la Asociación del Catecismo de Perseverancia, dándoles como local o centro de sus funciones la Iglesia de la Candelaria, en Mérida, y nombrando director y subdirector de la obra a los que la habían propuesto, Pbros. Francisco Vadillo y Enrique Pérez Capetillo[29]. Al año siguiente reafirmaba sus anteriores disposiciones, sustituyendo al Pbro. Vadillo por el Pbro. Celestino Alvarez[30]. en 1894 autorizaba la impresión de un catecismo, aprobado por seguir el método y contenido de el del Pbro. Jerónimo Ripalda S.J., al que mandaba se le diera preferencia para la enseñanza elemental, así como el de Mons. Dupanloup para la enseñanza superior[31] 
       "En lugar de los viajeros católicos conservadores, hacia 1892, figuraron en la prensa diaria otros católicos jóvenes, que si bien defendían los principios políticos que los primeros habían sostenido, también manifestaban ideas nuevas referentes, principalmente; la llamada cuestión social... ”[32] 
       Las asociaciones piadosas de seglares se multiplicaron al mismo tiempo; la Asociación del Culto Perpetuo al Señor San José contaba en 1888 con medio millón de miembros en el país. Así otras asociaciones piadosas, aunque no tan numerosas. Caso notable es el de la Adoración Nocturna, establecida en 1900. 
       Después de la coronación de la Virgen de Guadalupe, el 12 de octubre de 1895, se multiplicaron las asociaciones guadalupanas y en 1897 se estableció la Junta Nacional Guadalupana. 
       Gran florecimiento tuvo la labor educativa de la Iglesia, lo mismo que la renovación, o fundación de los institutos de religiosos. La Iglesia mexicana entraba al siglo XX renovada, gracias a la adecuada y prudente conducción de la jerarquía, a la creciente acción apostólica y a la animación de lo social por los laicos. 
       En el año de 1902 se realizó en Puebla el Primer Congreso Católico, estudiándose las cuestiones religioso-sociales que se consideraron de mayor actualidad. El segundo se realizó en Morelia, en 1904, y fue Mariano. El tercero, en Guadalajara y fue Eucarístico. El cuarto fue en Oaxaca, y se ocupó del mejoramiento de la raza indígena. 
       Importantes fueron también los Congresos Agrícolas y las Semanas Católico-Sociales, realizadas desde 1903, en Tulancingo, León, México y Zacatecas, y que tenían como objetivo el mejoramiento moral y material de los trabajadores del campo. 
       A partir de 1909 la acción laical en el campo social y político se revitaliza. Ese año se reorganizaba el Círculo Católico Nacional, del cual surgiría, en 1911, el Partido Católico, que buscaría reformar la legislación en lo tocante a la Iglesia y a implantar la política social cristiana. También en 1911 se constituyó la Confederación de Círculos Católicos de Obreros. 
       Pronto surgieron otros grupos: en 1912, la Asociación de Damas Católicas Mexicanas; en 1913, la Liga Nacional de Estudiantes Católicos; el mismo año la Liga Social Agraria. 
       El triunfo carrancista interrumpió bruscamente este florecimiento, persiguiendo al clero y religiosos; todos los Obispos, menos uno, marcharon al exilio, quedando el movimiento social sin sus guías. El movimiento político también se vio suspendido, al prohibir el gobierno el Partido Católico. Pero es indudable la influencia del catolicismo social[33] en el Artículo 123, base de nuestra legislación social. 
       Los ministerios laicales tradicionales, continuaron ejerciéndose en el ámbito del culto, la catequesis y la caridad. 
3.3.  A partir de la Revolución 
       Hemos visto, como hasta 1914 se da el auge de las organizaciones laicales católicas, aun en el campo de la política. Pero a partir de entonces fue hostigada y perseguida con mayor o menor intensidad. sin embargo, muchas organizaciones católicas sobrevivieron y aparecieron otras muy importantes como el Secretario Social Mexicano en 1920; la Confederación Nacional Católica del Trabajo; la Liga Nacional Católica Campesina y la Liga Católica Nacional de la clase media. Importante fue también el surgir de la Unión Nacional de Padres de Familia. 
       En 1928 fue fundada la Acción Católica, en plena persecución y otros organismos de apostolado renovaron sus esfuerzos (Venerables Ordenes Terceras, Apostolado de la Oración, Congregación Mariana, etc.). 
       Heroica fue la acción seglar católica durante la persecución de 1926. Cita especial merece la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, fundada en 1925, la Unión Popular de Jalisco y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana. 
       A partir de 1929 la hostilización a la Iglesia se realizó con sordina, y es hasta el gobierno de Ávila Camacho que, sin derogar las leyes persecutorias, se atemperó el radicalismo anterior. Desde entonces se ha dado un florecimiento extraordinario en el apostolado de los seglares, en todos los campos de la acción eclesial, bajo el impulso y prudente dirección de la jerarquía.[34] 
       Junto a estos nuevos ministerios ejercidos por los laicos, se mantienen los tradicionales, especialmente en las zonas rurales. 
4.  Conclusión 
       La Iglesia, imagen y acción salvadora de Cristo, es por ello expresión y concretización en la historia del amor del Padre. 
       Es respuesta Divina a las necesidades concretas de salvación de los hombres. Por ello, la acción de la Iglesia, ordinariamente sigue a esas necesidades concretas y los ministerios y servicios en la Iglesia son respuesta a ellas. 
       Por eso no es extraño que en tiempos de mayor necesidad o intensidad, surjan o se renueven los ministerios eclesiales, especialmente entre los laicos, sin que eso implique sustitución de la acción ministerial jerárquica, sino perfecta complementación según el Espíritu del Señor Jesús. 
       La llamada de S.S. Juan Pablo II a una Nueva Evangelización, que nos disponga al tercer milenio cristiano, nos invita a promover todo el proceso evangelizador, como pueblo de Dios, fortaleciendo los ministerios laicales todos, especialmente los dirigidos al anuncio kerigmático y a la catequesis, vista esta como acción de todo y para todo el pueblo de Dios, no solo hacia los más jóvenes, aunque sean un sector de acción preferencial, sino a los adultos también. 
       Permítanme, en ocasión de esta reunión regional, cuyo tema de reflexión es la catequesis, ofrecerles estas notas que esperamos convertir en una historia de la catequesis en nuestro país y reunión. 
PBRO. DR. JOSÉ F. CAMARGO SOSA
Mérida, Yuc., 6 de Mayo de 1997.
 


[1]     SANCHEZ CHAMOSO, R., Los ministerios en perspectiva eclesiológica: El dinamismo ministerial, en Ministerios eclesiales en América Latina, México, Paulinas, 1985, 195.
[2]     Idem., 251.
[3]     PAULO VI, Evangelii Nuntiandi, 73.
[4]     CUELLAR ROMO, R., Los Ministerios en América Latina, en Ministerios eclesiales en América Latina, México, Paulinas, 1985, 30.
[5]     Idem., 31.
[6]     L.G., 8.
[7]     Cf. RIVERA, J.M., La vida cotidiana de la cristiandad en la Nueva España, 1894, 102.
[8]     ALONSO, V., El ministerio intelectual del indio en su evangelización, en Ministerios eclesiales en América Latina, México, Paulinas, 1985, 165.
[9]     Cf. Idem., 165-166.
[10]    GARCIA ICAZBALCETA, P., Nueva Colección de Documentos para la Historia de México, Códice Franciscano, México, 1941, 205-206.
[11]    RIVERA, J.M., Los ministerios en la perspectiva de la Historia de México, en Los Ministerios eclesiales en América Latina, México, Paulinas, 1985, 149-150.
[12]    BRAVO UGARTE, J., Historia de México, II, México, Jus, 1941, 146.
[13]    Códice Franciscano, 59.
[14]    ALONSO, V., El ministerio..., 168.
[15]    Idem., 168.
[16]    Códice Franciscano, n. 73 y 154.
[17]    Cf. ALONSO, El ministerio..., 175-176.
[18]    Cf. Concilio Provincial Mexicano IV, Querétaro Imprenta de la Escuela de Artes, 1898, 58-59, 62; Sínodo de las ordenanzas que para el gobierno del obispado de Michoacán..., México, Zúñiga y Ontiveros, 1776.
[19]    Cf. CAMARGO SOSA, J.F., Mora y Alamán. Apuntes para un estudio comparado de su pensamiento sobre la Iglesia Mexicana (1808-1853), Roma, Ejercitación para la Licencia PUG, 1979, 17.
[20]    Cf. Idem., 29.
[21]    ADAME GODDARD, J., El pensamiento político y social de los católicos mexicanos, 1867-1914, México, UNAM, 1982, 19.
[22]    Idem., 21.
[23]    Idem., 22.
[24]    Idem., 23.
[25]    En la Península Yucateca creció mucho la Sociedad Católica. En 1886 la promovía Mons. Carrillo y Ancona. Cf. CARRILLO Y ANCONA, Orden Circular..., 1886, p. 12.
[26]    Cf. CARRILLO Y ANCONA, Tercera Carta Pastoral..., p. 119. Ya en 1886 había dado una Orden Circular, ordenando que la limosna del Jubileo de 1886 se dedicara al Seminario y a las escuelas católicas (Cf. Orden Circular..., 1886, ps. 14-15). Felicitaba calurosamente a los párrocos que cuidaban de crear o conservar escuelas o conservar escuelas católicas parroquiales (Cf. Carta del Obispo Carrillo al cura de Halachó J. B. Aguilar sobre la Escuela Católica del Sagrado Corazón (4 julio 1889), en AHAY, Librero 3, Est. 7. Caja 6 [f. 6]; correspondencia del Liceo Católico de San José, en la parroquia de Hoctún (1891-1892), en AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7 [exps. 20-26]; oficio aprobando y felicitando por el establecimiento de una escuela católica en Ticul (1º agosto 1892), en AHAY, Librero 1, Est. 4, Libro 20 [p.23]. A su vez, cuidaba de apoyar y promover la obra educativa del consejo de San Vicente de Paul, que sostenía muchas escuelas diurnas y nocturnas para las clases populares. Cf. Carrillo y Ancona, El Obispado..., Y, p. 32; carta de la Sociedad de San Vicente de Paul al obispo Carrillo (23 junio 1890), en AHAY, Librero 8, Est. 7, Caja 4 [f. 34]. Oficio aprobando la creación de un Colegio Católico de alta enseñanza en Mérida [donde ya existía el Colegio Católico de San Idelfonso, fundación del mismo Carrillo y de Mons. Domínguez] (4 abril 1892), en AHAY, Librero 1, Est. 4, Libro 20 [p. 16].
[27]    Ya el obispo Carrillo había estado promoviendo la participación de los laicos como colaboradores en la catequesis, a través de las Conferencias de San Vicente de Paul y de las Escuelas de Cristo. Cf. Oficio para restablecer o continuar la Escuela de Cristo (10 feb. 1885), en AHAY, Librero 1, Est. 4, Libro 45, p. 111.
[28]    Aunque el Concilio de Trento, en la sección XXIV del 11 de noviembre de 1562, prescribía el catecismo dominical y festivo para los niños de la parroquia, de parte del clero (Cf. Canones et Decreta Concilii Tridentini, de. Richter, Sessio XXIV de ref., cap. IV, p. 337), y las muchas recomendaciones de los Papas a los obispos para que dispusieran lugares especiales para la enseñanza del catecismo a los niños y para la fundación de la Archicofradía de la Doctrina Cristiana, como principal ayuda para la Escuela de la Doctrina Cristiana (Cf. GIANETTO, Organizzazione della Catechesi, p. 1), fue hasta 1905 que se mandó como obligatoria para la Iglesia universal el establecer en todas las parroquias la Congregación de la Doctrina Cristiana, por el Papa S. Pío X en la Encíclica Acerbo nimis. También es cierto que los Concilios Provinciales Mexicanos se habían ocupado de este importante aspecto, pero el caso es que no existía esta instrucción en todas las parroquias de Yucatán, y menos aún la Cofradía de la Doctrina Cristiana, por lo que no deja de llamar la atención el hecho de que D. Crescencio no sólo pretenda el establecimiento de dicha Cofradía, sino su organización en torno a un organismo diocesano correspondiente, y su futura agregación a la Archicofradía de la Doctrina Cristiana en Roma.
[29]    Oficio aprobando y estableciendo la Asociación del Catecismo de Perseverancia (30 agosto 1892), en AHAY, Librero 1, Est. 4, Libro 20, p. 26.
[30]    Oficio declarando establecida en la Iglesia de la Candelaria de Mérida la Obra del Catecismo (25 oct. 1893), en AHAY, Librero 1, est. 4, Libro 20, p. 59.
[31]    ”[...] y en igualdad de circunstancias, esto es, tratándose de otros catecismos igualmente elementales, siempre la preferencia habrá de darse al de Ripalda, porque habiendo sido desde muy atrás el popular en el Obispado de Yucatán, no quiere ni permite S.S. Ilma. que se introduzca variación que perjudicara a la uniformidad de los abuelos y lo que pronunciarán los labios de los nietos”. Oficio sobre la aprobación de un catecismo (12 enero 1894), en AHAY, Librero 1, Est. 4, Libro 20, p. 71.
[32]    Idem., 128.
[33]    Cf. Idem., 259-262.
[34]    No adjuntamos la lista de las organizaciones de apostolado seglar y nuevas formas de ministerios laicos, porque considero que son de sobra conocidos.



Fuente: http://www.sedecyucatan.com
Categoría: Sobre la Catequésis | Ha añadido: carlosgamboa (2009-09-29) | Autor: PBRO. DR. JOSÉ F. CAMARGO SOSA
Visiones: 607 | Tags: formación, catequistas | Ranking: 5.0/1
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1 monaca arely pool chale.   (2010-07-10 1:46 PM)
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h0la a todos miis compañeros catequistas....

les deseo lo mejor y espero que diios los acompañe en todos sus propositos....


este encuentro es muy interesante como todos los han sido u verdaro catequista es el sigue a DIOS y lleva su palabra como la semilla en todos los lugares como un buensembrador los esperamos en yucatan compañeros(";)*******
DIOS ES AMOR

biggrin Hola Me llamo Erika, y vivo en Tabasco, yo participo en la Parroquia de San Sebastián Mártir y la verdad me gustaría convivir con ustedes referentes a los temas, para seguir preparandome más y me gustaría tener sus canciones de cantos. Seguiremos en contacto por mi correo.

el logo me parece muy bueno al igual que el lema, sobre todo porque nos ayudara como acatequistas a darnos de la gran mision que tenemos.....
lo unico es el lugar para realizar el encuentro...luego en el siglo XXI no podemos ver todos pues todo esta al ras del piso o al menos que lleven una mega tarima....
bueno este es mi comentario...gracias y que Dios los llene de bendiciones....

SOLO DEBE HACER CLICK EN EL LINK QUE DICE DESCARGAR DESDE EL SERVIDOR, EL CUAL SE ENCUENTRA JUSTO DEBAJO DE EL TITULO RETIRO PARA NIÑOS Y CATEQUESIS KERIGMATICA. ESTÁ EN COLOR CELESTE EL LINK

esa soy yo! (: hace dos años... mucho exito!

monik_fresa91@hotmail.com

necesito material para llevar a cabo el curso de verano para catequesis escolarizada en mi parroquia, les agradeceria que lo enviara lo mas pronto posible ya que los niños estan a unos diasde salir de vacaciones,

Es un tema muy centrado para todos los catequistas que estan perdiendo su vocación

Hola.. tengo mucho interés.. en conseguir el curso que comentan
* Curso básico.
* Cursos de formación básica (I, II, III)
* Cursos de profundización.
* Cursos de especialización (Kinder, Primaria, Primera Comunión Adolescentes, Presacramentales, Niños Especiales).
* Formación permanente.

En mi Parroquia estamos planeando implementar algo así.. y si existe algo ya formado.. pues sería muy conveniente .. considerarlo y además.. aasí sería menos necesidad de tiempo de análisis.. así podríamos implementarlo más rapidamente.. podrían hacerme llegar esa información.. Estamos en el Estado de Puebla..


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